III
Jornadas del Grupo Contextos
El Análisis de Conducta Actual
Málaga, España 20-21 marzo 2009
La
Terapia de Activación Conductual: Principios y Aplicaciones.
Luis
Valero Aguayo
Dpto. Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico
Universidad de Málaga
Entre
las psicoterapias de base conductual que han surgido en los últimos
años, la Terapia de Activación Conductual (Jacobson,
1989, Martell, Addis y Jacobson, 1991; Lejuez et al., 2005) ha mostrado
su eficacia muy pronto y de forma específica para trastornos
depresivos. La TAC realmente no es “nueva” en sus principios
de análisis de conducta, ni se aparta demasiado de las bases
experimentales del comportamiento depresivo, retoma los análisis
de Ferster y Lewinson sobre depresión. Esta terapia busca las
causas “fuera”, en el contexto de la vida las personas,
y trata de llevar a cabo alternativas más creativas y eficaces
en la vida cotidiana de esas personas para instaurar comportamientos
más positivos y emocionalmente más felices. Buscar las
causas “dentro” no sería sino tomar el resultado
o producto de un proceso conductual, como si fuese la causa de ese
mismo proceso.
Los
datos empíricos muestran que los trastornos depresivos están
relacionados con los acontecimientos vitales del individuo día
a día, con las situaciones estresantes, las relaciones interpersonales,
situaciones de trabajo, el contexto aversivo continuado, etc. En este
análisis, la “cognición”, los pensamientos
negativos, autodespreciativos, rumiatorios sobre acontecimientos pasados,
de autoestima baja, etc., y también las emociones consiguientes
de tristeza, desgana, anhedonia, etc., son sólo producto de
esas contingencias, no la causa. En concreto el estudio de Kanter,
Kohlenbeg y Loftus (2004) muestra con análogos experimentales
cómo la forma de razonamiento explicada a los clientes influye
en la frecuencia de su comportamiento autodescrito (emocional, pensamientos,
actividad).
Por
otro lado, una vez instaurado una serie de comportamientos depresivos,
éstos son reforzados por la comprensión, lástima
o conmiseración de su entorno social; y a su vez, en muchos
de los casos clínicos depresivos, estas conductas están
también mantenidas por reforzamiento negativo, como evitación
o escape a esas situaciones que la persona esta sufriendo día
a día. A largo plazo, cuando la persona desarrolla ese patrón
continuado de evitación, está siendo reforzado precisamente
por ello por sus familiares, y está bajo castigo en una situación
continuada. Los mismos repertorios desarrollado impiden otras oportunidades
de conseguir reforzamiento, de tener más relaciones o desarrollar
habilidades más positivas que contrarresten esa situación
(Kanter et al., 2005).
Si
partimos de ese Análisis Funcional de las conductas depresivas,
el individuo lo va a tener difícil para salir de ese “hundimiento”
que es literalmente la “depresión” (etimología
latina). El terapeuta va a actuar como una ayuda o una dirección
en el proceso para ir cambiando progresivamente esas contingencias
cotidianas. Lo novedoso de esta TAC precisamente va a ser la forma
más creativa e innovadora de producir esos cambios, esa activación
de comportamientos positivos día a día. Cambios que
pueden ser decisiones pequeñas del día a día,
formas de enfrentarse a la vida, formas de relacionarse con otros,
y formas sencillas de eliminar la inactividad como tal.
La
depresión se concibe como una interacción entre el contexto
y la conducta de la persona, es un cambio dentro de un contexto, más
que algo interno al individuo. Más que conocer los contenidos
y la forma de los pensamientos depresivos o de las emociones como
tales, interesa conocer su función. Interesa conocer cuáles
son las consecuencias inmediatas de la conducta de ese cliente, y
también sus efectos en el entorno social, y cómo afectan
estas relaciones a sus emociones. Es decir, los pensamientos y emociones
depresivas son producto de la interacción, no la causa. Estas
son algunas de las ideas iniciales que se pretenden cambiar en el
individuo, que deje de utilizar su “depresión”
como excusa o evitación para enfrentarse a las cosas. Se trata
a enseñar al individuo a ser observador de su propio comportamiento
y de las consecuencias que tiene en su contexto cotidiano; pero también
a ser actor de su propia vida, poner en marcha pequeños cambios
y observar los resultados o consecuencias inmediatas que tienen sobre
sí mismo y sobre su estado de ánimo.
Sin
embargo, tampoco la actividad aislada por si misma produce efectos
, ninguna acción ocurre en el vacío, y ha de observarse
las funciones que tienen las conductas del cliente para intentar cambiarlas.
Esas funciones van a ocurrir dentro y fuera de la consulta psicológica,
delante del terapeuta y también en su vida cotidiana fuera
en el hogar; pero la actuación del psicólogo/a dentro
de la sesión puede comenzar a cambiar esas funciones directamente
“in vivo”. En ese contexto clínico, las interacciones
entre terapeuta y cliente son también una fuente de observación
de esos comportamientos y los efectos que producen. Se enseña
al individuo a no centrarse en los contenidos de sus emocionales,
sino a centrarse en la función que tienen sobre su propio comportamiento;
al igual que centrarse en sus emociones y la función que tienen
para la actuación momento a momento. No cómo se siente,
sino porqué las cosas que le pasan le hacen sentir así.
De
forma generalizada en las personas con problemas depresivos, la inactividad
es una respuesta de evitación, hay una forma pasiva de afrontar
los acontecimientos, sobre todo si han sido estresantes o aversivos
para esa persona. Frente a eso el terapeuta fomenta la actividad mínima,
estableciendo rutinas en la vida diaria, cambios pequeños que
produzcan estabilidad en su actividad aunque sea mínima al
inicio de la terapia. De manera progresiva, se busca que el individuo
adopte un afrontamiento activo de las situaciones diarias, no evite
o escape de los problemas.
Dentro
de la TAC, en esa interacción sesión a sesión,
el terapeuta ha de tener muy presentes la aplicación de los
principios del comportamiento, las funciones que tienen, lo que la
persona hace y dice. Como en otras terapias conductuales, se trata
de una aplicación idiográfica de los principios del
Análisis Funcional. Pero aquí no hay fases, ejercicios
o técnicas concretas con un orden determinado, sino que se
adaptan a la marcha del proceso terapéutico y la progresión
del cliente. Sin embargo, sí puede hablarse de tres etapas
globales al desarrollar la TAC:
1
– Establecer una buena relación terapéutica
y explicar el modelo, donde el terapeuta actuará como oyente
no punitivo, sólo da informaciones, será una guía
a lo largo del proceso; y comienza a trabajar sobre las funciones
de la conducta depresiva de ese cliente en particular. Dentro de
este proceso se realizan tareas y ejercicios como parte activa del
tratamiento, con objeto siempre de observar las relaciones entre
la conducta y sus consecuencias. Además de observar las conductas
positivas o adaptativas, por muy pequeñas que sean para proponerlas
como objetivo a aumentar; y también la búsqueda de
todo tipo de reforzadores (personas, actividades, objetos, situaciones,
etc.) para utilizar a lo largo del tratamiento. Siempre se van a
buscar reforzadores positivos naturales, consecuencias habituales
y lógicas que suelan tener los comportamientos en su contexto
diario.
2
– Monitorizar las relaciones entre acciones y estado de humor.
Se trata de monitorizar las actividades día a día
para observar relaciones funcionales en la conducta depresiva del
cliente. Aquí se utilizan autorregistros de actividades diarias,
esquemas relacionales y descripciones de conductas (cuáles,
cómo, cuándo, dónde, ante quién, qué
pasa después, qué siente…). Con ellas se van
a realizar análisis de cadenas de respuestas más pequeñas,
actividades mínimas que puedan controlarse o cambiarse con
mayor facilidad, o que impidan iniciar toda la secuencia de carácter
depresivo. Para esas explicaciones se utilizan esquemas con acrónimos
que ayuden al cliente a recodar esas funciones de su propia conducta,
con ejemplos adaptados de su propia experiencia. Por ejemplo, el
típico acrónimo A-B-C (Antecedents-Behavior-Consequences),
pero también el de TRAP (Trigger-Response-Avoidance-Pattern).
3
– Aplicar nuevas estrategias para enfrentarse a los problemas.
Por un lado aceptación de las emociones y estado de humor,
actuar como si…, pero por otro también se trata de
la búsqueda de alternativas. Hay que buscar cambios para
mejorar la vía diaria, y cambios que puedan ser reforzados
de manera natural en el contexto diario de esa persona. Aquí
se utiliza, p.ej., el acrónimo ACTION(Assess-Choose-TryOut-Integrate-Observe-NeverAbandone)
como forma de recordar las pautas de actuación en su vida
diaria. Se van a asignar actividades para casa que obtengan reforzamiento
positivo natural, que supongan de alguna forma enfrentarse a los
demás, realizar cambios especiales en la situación,
en un tiempo y un lugar específicos, que supongan ya un cambio
activo en la forma de abordar las relaciones con su entorno más
próximo, sobre todo su entorno familiar y social. Más
a largo lazo, se trata de buscar un sentido a la vida del individuo,
centrarse en el futuro, una actitud activa y autodirectiva de su
vida. Buscar compromisos consigo mismo como persona, compromisos
para hacer algo, no sugeridos por el terapeuta, sino surgidos de
su vida diaria. Se busca una congruencia como persona, ser fiel
a sí mismo, y actuar en relación a lo que se promete.
4
– Revisiones y prevención de recaídas. En las
sesiones finales de la TAC se enseñan habilidades asertivas
para enfrentarse a los problemas, para enfrentarse también
a las relaciones con los demás, incluso formas de buscar
reforzamiento social, cuando aparezcan situaciones extinción
y castigo verbal de los demás. También ensayos de
role-playing simulando situaciones problemáticas ante los
demás, e incluso la incorporación de otros familiares,
la pareja u otros allegados en esta parte de la terapia para facilitar
esas habilidades asertivas.
De
forma general, la estructura de trabajo dentro de las sesiones de
TAC es siempre similar, y va progresando conforme se van consiguiendo
esas pequeñas actividades positivas del cliente. Estas tareas
serían las siguientes:
1
– Identificar las necesidades de los clientes en cada momento.
2 – Identificar
los objetivos semanales dentro y fuera de las sesiones.
3 – Revisar
y discutir sobre las tareas de la semana anterior.
4 – Establecer
una “agenda” o temas a tratar en cada sesión.
5 – Establecer
tareas o “ejercicios de prácticas” para cada
sesión.
El trabajo
del terapeuta en esas sesiones es más de “coaching”
o “consejero” que de terapeuta de una forma más
rígida o estructurada. El terapeuta ha de estar utilizando
continuamente el Análisis Funcional de la interacción
propia dentro de la sesión, y también de las interacciones
del individuo en su vida diaria, con objeto de dar sugerencias sobre
esas funciones y guiar actividades alternativas. Actividades que son
pequeñas, imaginativas y adaptadas al individuo, que suponen
reforzamiento positivo natural por los propios cambios emocionales
subsecuentes y por el ambiente social inmediato. En suma, esas actividades
van a impedir la función de evitación continua que suelen
adoptar los comportamientos depresivos.
La
TAC, aunque muy reciente, ha generado numerosa investigación
experimental y de valoración de resultados en casos clínicos
(Hopko et al., 2004, 2005; Mulick y Naugle, 2004; Ruggiero et al.,
2005) y diseños de grupos (Cullen et al., 2006; Dimidjan et
al., 2006; Hopko et al., 2003, Porter et al., 2004). También
se ha creado un manual con el protocolo de esta TAC (Lejuez, Hopko
y Hopko, 2001, 2002), incluso sus propios instrumentos de autorregistro,
análisis de las interacciones diarias, y escala de evaluación
de activación en problemas depresivos (Kanter et al., 2009).
En el anexo aparece una relación de publicaciones y bibliografía
complementaria sobre estas investigaciones, manuales y artículos
sobre casos clínicos.
Como
resumen la TAC es una terapia que reconsidera y revitaliza los análisis
funcionales que ya se hacían sobre los comportamientos depresivos,
y propone soluciones con más imaginación y adaptadas
al día-a-día. Según los autores, también,
no es un libro de recetas, sino una forma o filosofía de tratamiento
basada en el Análisis Funcional. Desde esta perspectiva, no
hay incompatibilidad con otras técnicas más específicas
de modificación de conducta; pero sí supone una forma
bastante diferente de abordar los problemas depresivos respecto a
la habitual terapia cognitivo-conductual. Aquí lo importante
de los pensamientos y emociones depresivas es su función, y
ésta se cambia cambiando el contexto donde ocurren. Con todo,
desde esta TACT, cualquier técnica que aumente la actividad,
el reforzamiento positivo del individuo, y en suma mejore su calidad
de vida será de utilidad para resolver esos problemas.
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