Tu portal sobre Análisis de conducta, conductismo e interconductismo Publicado: 01/02/2010
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LA POLEMICA ..."Freud nos mira" Vs "La culpa es mía, Señor Juez"

Freud-culpamia(descargar polémica)

A continuación se presenta la polémica que se desencadenó en Internet y en el País ante la publicación de su editorial “Freud nos mira” el 7 de mayo de 2006. Os recomendamos su lectura que contiene una interesante replica que Esteve Freixa i Baqué escribió al mismo diario y que fue también publicada.

EDITORIAL : Freud nos mira

La idea que los individuos occidentales poseen sobre sí mismos, e incluso Occidente en cuanto colectividad, sería radicalmente distinta sin pensadores como Sigmund Freud, del que se conmemoran los 150 años de su nacimiento. Hasta el final del siglo XIX se atribuían las enfermedades mentales a deficiencias orgánicas en la estructura cerebral. No había prendido todavía la corriente que comenzó a pensar los conflictos personales como efecto de enredos anidados en zonas oscuras e inconscientes del espíritu y cuya formación habría tenido especialmente lugar en las etapas de la infancia, según culminó Freud.
A menudo, cuando se descalifica a Freud y a sus teorías, se le tilda de literato más que de científico, de hombre de ocurrencias más que de ideas, gran lector de literatura y de filosofía, más volcado en la intuición que en la experimentación, repetidamente tentado de elevar las anécdotas clínicas a teorías y, con ello, temerariamente expuesto a la crítica profesional. Sin embargo, ¿cómo hablar de la historia del arte, del cine, de la literatura, de la música, de los masivos movimientos políticos o los extraños movimientos del corazón ignorando a Freud? De igual manera que, sin distinguir entre izquierdas o derechas, todo el pensamiento culto del siglo XX está impregnado de marxismo, casi cualquier diagnóstico actual sobre los desequilibrios de un vecino incorpora el lenguaje de Freud.
En los últimos 10 años, el psicoanálisis, más o menos corregido y aderezado por otras escuelas, ha ido creciendo porque, seguramente, tras la abusiva aplicación de terapias exprés y psicofármacos a granel, una parte de los pacientes ha confiado en la profundidad de un método que se apoya en el habla; que intenta, en suma, prestar atención a los conflictos mediante la extroversión y hacerlos notorios para quienes han de tratar directamente con ellos. ¿Podría imaginarse un trato más voluntariamente humano y una cura, gracias al habla, más acorde, en teoría, con el supremo bien de la comunicación?

El 9 de mayo de 2006, se publica en Internet, en GOLEM blog, la siguiente réplica:

Freud nos mira (desde sus cuencas vacías)

Este pasado fin de semana, el domingo 7 de mayo, el periódico El País nos regala con un editorial titulado Freud nos mira. Tengo una explicación para ese editorial pero como se relaciona con la hipótesis del imparable acercamiento del hombre ibérico a la estupidez en estos últimos años, voy a obviarla. Entresaco algunos párrafos ya que muestra un escaparate de afirmaciones y preguntas como mínimo peculiares.

Empieza así:
La idea que los individuos occidentales poseen sobre sí mismos, e incluso Occidente en cuanto colectividad, sería radicalmente distinta sin pensadores como Sigmund Freud.

Lo cual me parece una afirmación sin sentido. Yo no sé cuál es la idea que los "individuos occidentales" tenemos de nosotros mismos o como colectividad (vaya palabrería) pero sí estoy seguro de que en España nadie contempla a Freud como un pensador que haya esclarecido ningún asunto al respecto sino, en todo caso, todo lo contrario.

¿Cómo hablar de la historia del arte, del cine, de la literatura, de la música, de los masivos movimientos políticos o los extraños movimientos del corazón ignorando a Freud?
Descartado que lo de "los extraños movimientos del corazón" aluda a la sístole y a la diástole ¿a qué se refiere entonces? ¿De verdad que debo buscar las claves de la música o de la literatura en las nunca verificadas ideas de don Sigmundo?

En fin, el editorialista sigue metiendo a Marx como comparación en cuanto a causa explicativa y un par de chorradas más. El final es desconcertante:
¿Podría imaginarse un trato más voluntariamente humano y una cura, gracias al habla, más acorde, en teoría, con el supremo bien de la comunicación?

Vaya, resulta que al periodista le va la marcha corporativa. El psicoanálisis es estupendo porque está relacionado en teoría (?) con el bla, bla, bla... Y resulta que eso es comunicación, supremo bien del oficio.
No quiero insistir en la bobada. Creo que el autor tuvo un mal día, no supo qué decir exactamente y encadenó la primera sarta de tópicos que le pasó por la cabeza. Le puede pasar a cualquiera. Incluso en un blog.

Y hoy, martes 9 de mayo, aparece una carta al director de Ignacio Morgado Bernal sobre el ya cansino asunto. Don Ignacio es catedrático de Psicobiología del Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona; tal vez sepa algo del tema. Como su carta es breve la transcribo directamente:

"No puedo entender el editorial de ayer domingo Freud nos mira. No acierto a alcanzar las razones que han llevado a un diario tan serio a publicar semejantes afirmaciones. Es cierto que la falacia del psicoanálisis ha sido tan señalada por sus detractores como contestada por sus defensores. La polémica ha sido secular y al final, creo yo, nada hay en la ciencia positiva moderna que pueda sintonizar con tal falacia. Quienes dedican su vida a investigar científicamente cómo funciona el cerebro y cómo organiza la mente y el comportamiento deben sentirse profundamente decepcionados por ese editorial. Es cierto que, a diferencia del psicoanálisis y los psicoanalistas, quienes estudiamos la mente siguiendo el método científico no lo sabemos todo, pero los éxitos de la ciencia en el tratamiento de los problemas mentales están más que demostrados y se pueden conocer simplemente repasando las excelentes páginas de Salud y Ciencia de EL PAÍS en las hemerotecas. El editorialista puede consultarlas sin dificultad, pero le resultará mucho más complicado explicar a los lectores de este maduro periódico de 30 años en qué consisten "los enredos anidados en zonas oscuras e inconscientes del espíritu", quién ha negado "la influencia de Freud en las artes, el cine o la literatura", dónde están el crecimiento actual del psicoanálisis, los científicos que niegan el habla como método terapéutico, o los enfermos generosamente curados por las artes de quienes se resisten a validar científicamente sus teorías y procedimientos. ¡Qué pensarían los modernos astrónomos si, de repente EL PAÍS, reivindicara las maravillas de la astrología! Quien nos mira en 2006 no es Freud sino Cajal.
Ignacio Morgado Bernal

Catedrático de Psicobiología del Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona"

Y quede claro que quiero agradecer a El País que haya publicado la réplica con tanta rapidez como la diligencia con la que Ignacio Morgado ha devuelto las vacías cuencas de Freud al sitio donde deben estar.

Angel
amfeli@unex.es

A continuación comienzan los comentarios de los propios lectores del Blog, entre los cuales se incluye la carta de replica que el Propio Esteve dedicó al editorial del País, y que no tiene desperdicio:

AGRA dijo...

Suscribo las palabras de Morgado, aunque dedicándome a las neurociencias, suene un poco corporativista. Y sobre todo el final: no sólo es que los trabajos de Cajal se siguan citando en las introducciones de numerosos artículos de histología del sistema nervioso, sino que sus especulaciones científicas siguen siendo un referente fundamental para entender el funcionamiento del cerebro. Mucho se ha avanzado desde la concesión del Nóbel a Cajal en el conocimiento de este órgano que rige la conducta humana, pero en buena medida eso se ha debido a sus geniales intuiciones científicas.

Lupe

Paolo dijo...

Lo de Arcadi hay que entenderlo como una sonora carcajada (algo parecido a esto de Tito). En realidad está harto de escribir acerca de las víctimas del psicoanálisis (a lo mejor alguien se dedica a cuantificarlas y podemos compararlas con las del nazismo o el bolchevismo).

Esteve Freixa i Baqué dijo...

Transcribo la carta dirigida al País y que salio publicada hace unos días en su edición electrónica. Ni que decir tiene pues que estoy de acuerdo con el autor del comentario del Blog.

LA CULPA ES MÍA, SEÑOR JUEZ.

Llevo semanas dudando, pero, vistas las proporciones que está tomando el asunto, mi conciencia me empuja a denunciarme. En efecto, aunque a más de 1.000Kms. de distancia (norte de Francia), he seguido con estupefacción la polémica provocada por la respuesta del profesor Ignacio Morgado Bernal al editorial de su periódico conmemorando el 150 aniversario del nacimiento de S.Freud. Y debo confesarles que todas las acusaciones, anatemas y afirmaciones (desagradables e insultantes donde las haya) dirigidas contra el profesor Morgado constituyen una grave injusticia para este buen amigo, puesto que toda la culpa es mía. Me explico. Estaba yo pasando un par de semanas en mi Barcelona natal y aproveché para visitar a compañeros de los que los años y la distancia me habían alejado; y Ignacio fue uno de ellos. Entre las mil cosas que evocamos salió el eterno tema del psicoanálisis y su influencia respectiva en España y en Francia. Pocos días más tarde, participé en una emisión de divulgación científica en el canal “Barcelona TV” en la que se me entrevistó justamente acerca de Freud y en la que tuve la ocasión de exponer algunas de las críticas que desde hace ya un cierto tiempo son dirigidas contra el psicoanálisis y su fundador. Y después apareció el editorial de su periódico. Ignacio estaba indignado pero me comentó que ya ni siquiera pensaba replicar. Y yo, que acababa pues de “arremeter”, le contesté que era lástima dejar un tal escrito sin la respuesta que se merece, pero no pensaba llegar a convencerle. Cual no fue pues mi sorpresa al leer su escrito y la retahíla de cartas que han seguido. Y por ello me siento obligado a saltar a la arena, a menear la capa y la muleta para desviar la atención del toro que está ferozmente embistiendo al profesor Morgado cuando el instigador, el culpable, soy yo. Y para muestra, un botón.
El profesor Morgado, al tratar al psicoanálisis de “falacia”, se ha queda corto; cortísimo. Hoy en día existen pruebas documentadas, publicadas e irrefutables que demuestran claramente que Freud mintió descaradamente, que ninguno(a) de sus pacientes mejoró nunca (al contrario); que el mismo día que pronunciaba una conferencia afirmando que Dora estaba completamente curada escribía una carta a su amigo el Dr. Fliess confesándole que estaba desesperado y que no sabía qué hacer con ella (se han encontrado, en efecto, los registros de los diferentes hospitales psiquiátricos por los que erró el resto de su vida) etc. Yo, como muchos, llevaba años criticando al psicoanálisis (por mil razones que estoy dispuesto a exponer cuando y donde sea) pero pensaba que su fundador era intelectualmente honrado y obraba convencido. Equivocado, pero de buena fe. Hoy en día, incluso esto se derrumba (lo que no implica que sus seguidores sean también unos impostores: nunca he dudado de que la inmensa mayoría de psicoanalistas creen sinceramente en lo que predican y aplican. Pero también pienso que la mayoría de curas y obispos creen sinceramente en Dios, el Cielo y la Virgen sin que por ello yo esté obligado a ser creyente. Y puesto que hablamos de religión, llamemos las cosas por su nombre (y vayan ya preparando la hoguera para quemarme): el verdadero estatus del psicoanálisis es el de una secta (o una religión, si prefieren ustedes, puesto que una religión no es más que una secta que ha triunfado). Y se lo voy a argumentar. ¿Cómo se llega a ser psicoanalista? Sencillamente, sometiéndose (con todos los sentidos de la palabra) a un psicoanálisis hasta que el psicoanalista formador considera que el novicio ha integrado suficientemente la doctrina como para poder ejercer a su vez. Este procedimiento tiene un nombre: rito de iniciación, noviciado; cooptación, en suma. Como para entrar en cualquier secta. ¿Sabe el hombre de la calle que para ser psicoanalista no es necesario ser ni psiquiatra ni siquiera psicólogo? ¿Que muchos de ellos son filósofos? Que el vecino de al lado puede serlo si sigue el rito? Cierto, muchos de ellos lo son, pero cuando ejercen como psicoanalistas no aplican lo que les han enseñado en las facultades de medicina o de psicología sino lo que han aprendido tendidos en un diván. Esto es gravísimo, señoras y señores. ¿Sabe el hombre de la calle que la mayor parte de los escritos de Freud fueron encerrados por sus “herederos” (su hija Ana, la princesa Maria Bonaparte y su historiador oficial, Jones) en unos contenedores que se hallan en la Biblioteca del Congreso de los EEUU, con prohibición de ser abiertos antes de finales de siglo? ¿Qué terribles secretos han así segrestado, sustrayéndolos a la mirada de los historiadores y difundiendo en su lugar una versión expurgada, una especie de Vulgata? Seguramente algo de muy grave, capaz de dar un golpe mortal a la doctrina. ¿No les recuerda esto algo?.

El psicoanálisis es a la ciencia de la conducta lo que la astrología es a la astronomía, lo que la alquimia a la química, el vitalismo a la biología, el charlatanismo a la medicina, el creacionismo al darwinismo: un oscurantismo reaccionario e inoperante. Y si sólo se tratase de una discusión metafísica, como la del sexo de los ángeles, yo le hubiese dado razón a Ignacio: no vale la pena perder el tiempo polemizando con sectarios disfrazados de humanistas. Pero detrás de lo que puede parecer una simple querella de escuelas están los pacientes, estas persones que sufren, que piden ayuda y que merecen que se les atienda como Dios manda, es decir, con todos los adelantos que, en un siglo, hemos conseguido en el campo del conocimiento del ser humano y de su conducta. ¿En qué otro ámbito celebraríamos y nos conformaríamos con conocimientos viejos de más de un siglo? El bienestar de los pacientes es demasiado importante como para dejarlo en ciertas manos.
Dixit et salvavit animam meam.

Esteve Freixa i Baqué
Catedrático de Ciencias de la Conducta y Epistemología
Universidad de Amiens (Francia)

Angel dijo...

Gracias por enviar la carta a este blog, me habría pasado desapercibida. Le daré más énfasis mediante una entrada específica ya que lo merece por sí misma. Saludos.

Fèlix Llopart Miquel dijo...

Pues yo defiendo el psicoanálisis a ultranza. Y qué pasa? Los cientificos deberían de ser más respetuosos con lo que no es ciencia, que a mi también me parece importante (sinó más).

Angel dijo...

¿Alguien ha faltado el respeto a algo? Aquí sólo se opina y la opinión de algunos de nosotros es que el psicoanálisis es un acúmulo de afirmaciones indemostrables e indemostradas. Respetar eso es magnífico si lo aceptamos como una religión pero cuando se pretende vivir del cuento la cosa empieza a ser menos presentable. Tú defiendes el psicoanálisis "a ultranza". Esa expresión significa más allá de toda evidencia, cosa que queda clara cuando no te molestas en replicar razonadamente a, por ejemplo, la carta de Freixa i Baqué. No es una buena forma de abordar una discusión (creo yo).
Saludos

Anónimo dijo...

Me parece demasiado absolutista ambos comentarios y trasnochado pensar en comprender la mente humana solo desde la mirada biologicista, que a mi parecer es una discusión que ya tuvo su momento, a estas alturas todos los métodos de estudios nos acercan mas a una visión ecléctica del desarrollo del ser humano y sus emociones ya no basta una sola mirada! Es necesario indagar mucho mas allá y quedarnos sólo con una mirada

Alan dijo...

Estoy de acuerdo con lo que dice el autor sobre que el psicoanálisis no tuvo tanta influencia en España. Aquí dicha escuela estuvo proscrita durante los cuarenta años que duró el franquismo (al igual que lo estuvo en la antigua URSS, ya que las dictaduras siempre fueron defensoras del más estricto conductismo), que fueron los años de expansión y difusión de su cuerpo teórico y su práctica por todo el mundo.

En cuanto a Morgado, lo lamento, pero hay muchos otros neurólogos que no estarían de acuerdo con él (busquen un rato en la web los términos relacionados con el inconsciente y la investigación neurológica y verán más de una publicación al respecto).

Por último, las terapias "de la palabra" se extendieron mucho más allá del psicoanálisis (aunque comenzaran con éste), con excelentes resultados. Relacionar el "bla, bla, bla", como se menciona en este post, únicamente con el psicoanálisis, es erróneo. Aunque, en cualquier caso, coincide con el tono inexacto y poco riguroso de todo este texto.

Otros comentarios que se fueron publicando en relación con la carta del Profesor Morgado en el País, y que dieron pie a que nuestro compañero Esteve Freixa escribiera la ya leída carta “Es mi culpa, señor Juez”, fueron:

Autor: Jordi Marfà Vallverdú
10-05-2006 -21:17 h.

Freud y Cajal nos miran
Leyendo la carta de Ignacio Morgado Bernal, no me extraña que empiece diciendo que no puede entender el editorial de El Pais sobre Freud.
Seguramente tampoco puede entender muchas otras cosas sobre la mente y sus trastornos por muy catedrático de Psicobiología que sea, si llama "falacia" al psicoanálisis, y si considera que el conocimiento sobre la mente se reduce a lo que llama "ciencia positiva moderna".
Por suerte para los pacientes y los que nos dedicamos a ayudarlos, el psicoanálisis y sus amplias aplicaciones clínicas siguen ofreciéndonos valiosísimos instrumentos de observación, comprensión y terapéutica. Aunque haya quien no lo entienda.
Jordi Marfà Vallverdú (Barcelona)

Autor: F. Manuel Montalbán Peregrín
10-05-2006 -21:12 h.

Sobre Freud
Freud, más que mirarnos, nos interpela
Quiero felicitarle por el interés y la cobertura que su periódico ha mostrado por el 150 Centenario del Nacimiento de Sigmund Freud.
La ocasión no era para menos. Una de las virtudes del descubrimiento freudiano es su falta de docilidad para quedar subsumido por los discursos oficialistas e integradores a los que la ciencia positivista nos tiene acostumbrados.
Entre la deriva epistémica de los postfreudianos emigrados al mundo anglosajón, con sus aciertos y fracasos y el movimiento de retorno a Freud protagonizado por Jacques Lacan, se marca una clara diferencia, como la hija de éste último, Judith Miller, ha señalado en una entrevista en El País de hoy mismo.
Lacan consigue aportar una formulación teórica original para superar el impasse del psicoanálisis de la posguerra, entendiendo que la posición del psicoanalista no es sólo la de clínico sino también la de analista del malestar en la cultura. Este es el sentido de la actualidad del psicoanálisis que me gustaría resaltar.
Claro, es difícil entender este avance desde la férrea disciplina cientificista que quiere reducir la dimensión del sujeto humano a mera cartografía cerebral o bioquímica. Pero incluso la ciencia de hoy en día no es exclusivamente ciencia positivista con lo que las esgrimidas críticas de resistencia a validar científicamente las teorías y prácticas del psicoanálisis, que defiende el prof. Morgado en su carta al director publicada el 9 de mayo, se deshacen rápidamente.
Uno se puede preguntar igualmente cómo es que en el siglo XXI se sigue recurriendo al método científico realista, naturalista y decimonónico como argumento de peso cuando se habla de la construcción de la experiencia humana. Freud y Lacan, a través de su influencia innegable en autores como Foucault, Deleuze, Ricouer, y un largo etcétera que llegaría hasta la más rabiosa actualidad, constituyen uno de los pilares más sólidos de las llamadas ciencias del sujeto, verdadero impedimento crítico y muy activo para la globalización acéfala de la ciencia positivista.
Además, la acción superficial de los detractores profesionales del psicoanálisis refleja un trato injusto y una gran ignorancia ante la labor de todo un colectivo de trabajadores decididos, rigurosos, formados y organizados internacionalmente, que dan cuenta cotidinamente de su trabajo en la consulta privada y/o pública, jornadas "científicas" reconocidas de utilidad sanitaria, seminarios de formación continua, etc. Sí, el legado freudiano nos interpela, y de qué modo.
F. Manuel Montalbán Peregrín (Málaga)
Autor: José Luis Martorell Ypiens
09-05-2006 -18:59 h.

Mareando a Freud
El profesor Morgado “no puede entender” que El País dedique un editorial no descalificante a Freud. El profesor Morgado ¿es profesor de botánica, de resistencia de materiales, de catalán medieval? No, es profesor de psicología. Esto sí que debería producirnos asombro, dado que lo que propone su carta no es una lectura crítica del psicoanálisis –que ha sido enriquecedora tanto para el psicoanálisis como para sus críticos- sino relegarlo, olvidarlo, como a la astrología. Si no fuera porque esto es impensable en un universitario diríamos que propugna la promoción activa de la ignorancia. La verdad es que un alumno de Psicología puede terminar su carrera, con las excepciones correspondientes, habiendo oído sólo alguna referencia tangencial a Freud y no siempre bien informada. O sea que, a fin de cuentas, quizá sí se haya promocionado activamente la ignorancia en nuestras facultades. ¿Pero que pasa después de terminar la carrera? El profesor Morgado, y los que piensan como él, deberían leer las publicaciones profesionales –no sólo las académicas- en las que se ha estudiado las adscripciones teóricas de los psicólogos clínicos. En España, en Europa, en Estados Unidos, los psicólogos que trabajan desde o están claramente influidos por el psicoanálisis están en torno al 50 por ciento. Esto significa que aproximadamente la mitad de los alumnos de los profesores Morgado escuchan sus argumentos, tanto los científicos como los científico-teológicos, aprenden a aprobar sus asignaturas y luego orientan su práctica por otro modelo. Si esto pasase en el ámbito, por ejemplo, de la medicina o el derecho el asunto estaría en el Parlamento. Para complicar la situación, lamentablemente para el estudiante y para el estudioso el discurso sectario de una parte de nuestra universidad es perfectamente complementario con el discurso sectario de una parte de las escuelas psicoanalíticas.

En fin, que ya tengo canas y me clarea de un modo alarmante la coronilla y sigo oyendo lo de “Freud, no; Cajal, sí” o viceversa. A muchos nos parece que es Freud y Cajal... y Beck y Kelly y Rogers...
José Luis Martorell Ypiens, Profesor Titular de Psicología y Director del Servicio de Psicología Aplicada de la UNED (Madrid)
Autor: Ignacio Carrión
09-05-2006 -18:55 h.

El diván del maestro
Don Ignacio Morgado Bernal, catedrático de Psicobiología del Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona, y ex decano de la Facultad de la misma universidad, regaña en su carta del pasado 9 de mayo al editorialista de EL PAIS, y de rechazo a este periódico que acaba de cumplir 30 años, por el imperdonable error de prestar atención y valor alguno a la persona y obra de Sigmund Freud y, en particular, al psicoanálisis que califica de pura falacia.
Me imagino que más de un cualificado psicoanalista podrá rebatir, sin gran esfuerzo, los endebles argumentos del señor Morgado Bernal en el supuesto de que crea que vale la pena hacerlo. Yo no lo intentaría. Pero ya que este empleado de universidad teme que EL PAIS llegue a equiparar la astrología con la astronomía, ofendiendo naturalmente a los astrónomos, yo sí me permito aconsejarle que se tumbe en el diván en sus ratos perdidos no para dormir la siesta arropado en sus propios e indescifrables fantasmas, sino para despertar de la pesadilla en la que parece sumergido. Le propongo que profundice en su inconsciente, que aún está a tiempo, para averiguar si la irritación que Freud, y lo que esta figura histórica, científica y literaria significa en nuestro mundo, tiene su origen en alguna carencia que sus propios méritos y cargos académicos no le permiten identificar. Celebro personalmente que el catedrático de Psicobiología de Barcelona propague unas ideas que a sus alumnos, al menos, les permitirá medir el nivel intelectual de semejante maestro.
Ignacio Carrión (Benissa) Alicante.

Autor: Carmelo Vázquez
09-05-2006 -18:52 h.

La mirada de Freud
La excelente carta del profesor Morgado en alusión a su editorial del pasado domingo -Freud nos mira- no necesita apoyos adicionales. Pero la perspectiva del editorial merece por sí misma una reflexión. La discusión sobre la eficacia de los tratamientos psicológicos no puede despacharse, como se hace en el editorial, con ingeniosos juegos de palabras ni con prescripciones terapéuticas de una ligereza temeraria. Valga un ejemplo: el editorialista avala la “profundidad” del tratamiento psicoanalítico porque “se apoya en el habla”. Dejando de lado la obvia tautología, puesto que todos los tratamientos psicológicos se apoyan en el habla, el mejor parámetro de la “profundidad” de un tratamiento debe ser su eficacia probada. De hecho, la indicación de tratamientos para el sufrimiento psicológico la basamos cada vez más en la selección de las mejores evidencias científicas disponibles siguiendo rigurosos procedimientos técnicos y metodológicos (por cierto, los mismos que cargados de razón exigimos en tratamientos del cáncer, el reuma, o la malaria). Por desgracia, las pruebas existentes sobre la eficacia terapéutica del psicoanálisis son todavía relativamente escasas, a pesar de lo que sesgadamente sugiere el editorial. Es posible que la mirada de Freud aún nos persiga, pero no debería cegar a quienes tienen la responsabilidad, incluidos los medios de comunicación, de incrementar las decisiones racionales de los ciudadanos.
Carmelo Vázquez, Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense de Madrid

Sobre 'Freud nos mira'  
Clara Bardón, (Psicoanalista y psiquiatra)
EL PAÍS  -  Opinión - 10-05-2006
Bajo este título leo, con grata sorpresa, las primeras palabras sensatas en un editorial de su periódico sobre el psicoanálisis. Leyendo el artículo del día anterior (sábado 6 de mayo) y tantos otros a lo largo de los años, resulta sorprendente la insistencia en encargar artículos sobre este tema a colaboradores tan mal informados.
En su editorial se dice que hasta final del siglo XIX se atribuían las enfermedades mentales a deficiencias orgánicas de la estructura cerebral. Lamentablemente, desde mediados del siglo XX, y cada vez con más fuerza por la presión de la industria farmacéutica sobre una sociedad que cada día tolera menos el sufrimiento, no sólo es atribuida la enfermedad mental a deficiencias cerebrales, sino cualquier forma de expresión del malestar: la tristeza, la angustia, o los diversos síntomas que los seres humanos tenemos por el hecho de estar vivos y estar atravesados por el lenguaje.
El psicoanálisis no es sólo una teoría que desmitifica las diversas formas de taponar el malestar -como las drogas, los medicamentos o la religión- y el supuesto control de la conciencia sobre los pensamientos y los actos del ser humano. Es una ética del sujeto que cuestiona la intolerancia y la segregación y, fundamentalmente, una práctica clínica de diagnóstico y tratamiento.
El descubrimiento por Freud del inconsciente fue una verdadera revolución y sigue siendo un revulsivo para la conciencia. El inconsciente, esa verdad de la que no queremos saber nada y cuyos fantasmas guían nuestra experiencia a pesar nuestro, sólo se hace presente mediante la palabra.
La función del psicoanalista, mediante la escucha, es la de ayudar al sujeto a encontrar en sí mismo los resortes que le permitan hacerse cargo de su vida y darle una orientación más soportable al dolor de existir.
Sí, señor Reguera, el psicoanálisis cura a las personas que se comprometen en esa experiencia, y le aseguro que no sólo en las consultas privadas, sino en los servicios de Salud Mental públicos cada vez hay más personas que desean ser tratadas como un sujeto que como un conjunto de neuronas afectadas por déficit o exceso de serotonina.

Y aquí fue que Esteve Freixa y Baqué decidió escribir al País con el resultado que ya conocemos.

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